Como comentaba anteriormente, ver películas en VHS ya sean desde un video club o aquellas pirateadas de algún amigo, eran parte de las actividades sociales de cualquier adolescente. Siendo así no pasó mucho tiempo para que con catorce o quince años el género de terror desplazara al de ficción y se volviera imprescindible en nuestro catálogo fílmico. Títulos como martes 13, Halloween, Pesadilla en Calle Elm, Polstergeist y muchas otras de menor pelaje estaban fijas para cualquier fin de semana en conjunto con amigos o par sufrir solo.
Y mi cabeza llena de cuchillos y sangre teenager no pudo marginarse del tema y decidí hacer un remake de la que en esos años más me llamaba la atención, básicamente por las historias con adolescentes que se embriagaban en un lejano lago, libre albedrío, chicas y todos los clásicos perfiles escolares gringos, el deportista, el winner, la porrista, los nerds, los fiesteros, los outsider, etc., y la satisfacción de ver como empalaban a cada uno sin razón alguna. Internamente uno hacía la equivalencia con los compañeros de curso, en un ejercicio de venganza ficticia.
Martes 13 ocupó el formato que se volvió regular, soporte tamaño carta, boceteado en lápiz grafito y repasado en lápiz tinta. Como era una historia de terror y sangre, la utilización del color rojo para remarcar esta idea era evidente y creo sirvió. Hay una preocupación (inconsciente quizás) de conservar los "tiros de cámara"utilizados comúnmente en estas películas, de tal manera que cada cuadro fuera como sacado de la película misma y mantener cierto suspenso en el relato.




No hay comentarios:
Publicar un comentario