sábado, 17 de noviembre de 2012

Clodomiro contra Hollywood

Este mismo año y habiendo definido un estilo de personaje, me lancé con una historia algo bizarra para mis anteriores cómics  Aquí puse sobre la mesa una gráfica algo más detallista y tenía a ciertos autores como modelos a seguir, casi todos nacionales y salidos de la Bandido, que a esas alturas era "el medio" que revisaba.



La historia trataba de un muchacho que arrendaba películas en un video club (nótese el contexto histórico, video club, películas vhs...algo de tiempo ha pasado ya) y que viéndolas se sumerge en una persecución en su contra cometida por los personajes principales de aquellas cintas. Con un tinte cargado al humor la historia se pasea por personajes como Terminator, Freddy Krueger, Robocop, Jason Voorhes (saga martes 13), entre otros, haciendo que cada una de las persecuciones tenga un desenlace original y gracioso a la vez.



Utilicé un formato mayor al oficio apaisado y doblado para desarrollar este cómics  lo que me permitió abarcar con un poco más de detalle los cuadros. Grafito de base, lápiz tinta, pluma y tinta china e incluso pincel en algunos cuadros para el remate. Bastante utilización de achurados para los rellenos y los contornos con trazo más grueso para destacar las figuras entre distintos planos, esto último resultado de la revista de cabecera, Bandido.

En facultad

En 1992 entré a la facultad de Arquitectura en un primer intento. Ese año no me fue bien académicamente pero retomé después de dos años el cómics. Entre medio hice algunas cosas pero solo intentos, ensayos y pruebas. El deporte y las hormonas me tenían con la cabeza en otro lado y la facultad me devolvió en parte las ganas de dibujar, quizás por el mundo nuevo que se me presentaba, en fin. 
Marciano fue una historia nada más, aprovechando cierta definición en la estética de mis personajes y la aparición de la pluma y tinta china y se consolida el achurado como técnica de textura, y la diagramación es algo más dispersa, menos estructurada, además con más guiños a los cómics de las revistas Bandido y Trauko, que eran los medios disponibles de la época.




La historia cuenta las aventuras de un tipo llamado Marciano que tiene un reloj del tiempo y que va en búsqueda de su antagonista quien posee el otro reloj de mismas cualidades. El peligro de las malas intenciones de su contraparte lo motiva a iniciar una persecución por las distintas épocas. Sólo fue dibujado un capítulo.

Perdidos en el espacio

No es un remake de la serie de los 60, sino que es la incursión en un género que siempre me llamó la atención. En parte por la obsesión que me produce star wars, pero a su vez la huella que dejaron otras películas y series viejas como Buck Roger, Galáctica astronave de combate, star trek, entre muchas otras.
Primera versión, en formato apaisado, mediados 1989.
La historia cuenta las aventuras de dos astronautas que en plena misión espacial se encuentran en la inevitable trayectoria de un asteroide y sin posibilidad de evadirlo. El impacto los traslada al núcleo que es en realidad una gran nave alienígena. Capturados comienza un proceso de adaptación a su nueva realidad y los nuevos roles que asumirán.


Este cómics tuvo tres versiones en un proceso de mejora continua en la calidad del relato y el dibujo. El formato continúa siendo tamaño carta, boceto en grafito, delineado en tinta y eventuales colores en las onomatopeyas. Las planchas de arriba corresponden a la segunda versión de finales de 1989.

 

A comienzos de 1990, retomo esta historia y desarrollo la tercera versión y final, mejorando o poniendo mayor dedicación a los detalles de la portada y de la diagramación. Hay un cambio en el tipo de letras, influenciado por algunas revistas que tuve a mano, en especial la nacional Bandido, que me aportó bastante en cuanto a diversas técnicas de dibujo. También incorporo una preocupación por las sombras y los achurados para dar contraste a cada cuadro. Las onomatopeyas están mejor cuidadas, emulando en calidad aquellas de las revistas que me servían de biblioteca visual.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Remake del terror

Como comentaba anteriormente, ver películas en VHS ya sean desde un video club o aquellas pirateadas de algún amigo, eran parte de las actividades sociales de cualquier adolescente. Siendo así no pasó mucho tiempo para que con catorce o quince años el género de terror desplazara al de ficción y se volviera imprescindible en nuestro catálogo fílmico. Títulos como martes 13, Halloween, Pesadilla en Calle Elm, Polstergeist y muchas otras de menor pelaje estaban fijas para cualquier fin de semana en conjunto con amigos o par sufrir solo. 

Y mi cabeza llena de cuchillos y sangre teenager no pudo marginarse del tema y decidí hacer un remake de la que en esos años más me llamaba la atención, básicamente por las historias con adolescentes que se embriagaban en un lejano lago, libre albedrío, chicas y todos los clásicos perfiles escolares gringos, el deportista, el winner, la porrista, los nerds, los fiesteros, los outsider, etc., y la satisfacción de ver como empalaban a cada uno sin razón alguna. Internamente uno hacía la equivalencia con los compañeros de curso, en un ejercicio de venganza ficticia.

Martes 13 ocupó el formato que se volvió regular, soporte tamaño carta, boceteado en lápiz grafito y repasado en lápiz tinta. Como era una historia de terror y sangre, la utilización del color rojo para remarcar esta idea era evidente y creo sirvió. Hay una preocupación (inconsciente quizás) de conservar los "tiros de cámara"utilizados comúnmente en estas películas, de tal manera que cada cuadro fuera como sacado de la película misma y mantener cierto suspenso en el relato.

Tinta china

1989 y los cómics ya no son tan seguidos debido a las innumerables distracciones que propone cursar los primeros años de secundaria, sin embargo hay un cambio evidente en los recursos utilizados. Ahora definitivamente se incorpora el lápiz tinta y la tinta china aplicada con pincel.
La historia trata de un detective que fue testigo clave en el encarcelamiento de un mafioso quien salió de forma irregular de la cárcel y ahora lo busca para vengarse de su testimonio. Historias que más de una vez fueron el centro de alguna película de fines de los ochenta, principalmente de aquellas que nos entregaban los VHS de algún club de videos cerca de casa. En ese sentido la aparición de los equipos de VHS hogareños abrió un universo de nuevas películas y conocí ahí a los nuevos iconos de las películas de ficción de la época y que perdura hasta nuestros días. Bruce Willis, Steven Seagal, Jean Claude Van Damme, entre otros.

Elliot Benetton era el nombre del detective, ahora los nombres son más selectivos y no tan clichés. Aquí dos capítulos distintos, donde primero aborda el atentado en su contra y la otra aborda el viaje a oriente para entender sus orígenes y el asesinato de su mentor a manos de la mafia que lo persigue.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Mercenarios

1988 y con catorce años, recuerdo fue abundante en los ochentas los guiones de mercenarios. Stallone, Kurt Russel, Dolph Lundgren entre otros personificaron este rol, de ahí a realizar un cómics de mercenario estaba a un peldaño y estando el estereotipo más o menos consensuado para todas las películas no había necesidad de salirse del patrón. Pelito largo y rubio, jeans, auto deportivo y canchero. Con eso ya tenía el personaje y faltaba la historia. Con solo mirar la portada ya es posible hacerse una idea de cuán enorme era la influencia del cine estadounidense en las cabezas de adolescentes de fines de los ochenta, lo que puede visualizarse en el guiño a la bandera de EEUU de la tapa.



Con este cómics ya el tema de la portada empieza a cobrar más importancia, lo que recuerdo de las pocas revistas que ví del rubro es que hacían hincapié en ello, ilustraciones bien elaboradas, coloreadas prolijamente y con un grado importante de detalle. Las planchas siguen siendo en formato oficio doblado en forma de cuadernillo y la utilización de lápiz grafito.



En este año y con este cómic experimento la transición del grafito a la tinta, principalmente influenciado por revistas de segunda mano en las cuales los cómics venían a pluma y tinta. También hay un cambio en el formato, pasando del tamaño oficio en dobladillo a cuaderno, hacia el tamaño carta para mejorar el tamaño de la diagramación, optimizando cada cuadro.
La historia aprovecha el impulso y cambia la estética y en parte el guión.



Un último intento de cambio y experimentación fue realizado con esta historia. Aparte de la incorporación de la tinta negra se añadió el color para la onomatopeya y los iconos como los disparos. Se modificó en parte el relato haciéndolo más detallado. El cambio de lápiz de tinta también ayudó en el sentido que el primero tenía una dispersión de tinta que manchaba el contorno, el segundo delineaba más claramente cada cuadro.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Segunda Guerra Mundial

Cambio de formato!
En esta "mejora contínua" que significa realizar cómics y dibujar en general, incorporo una modificación al soporte habitual en el que trabajé, bastante incómodo para diagramar por lo demás. Ahora el papel tiene formato carta, la calidad del papel es roneo para poder dar una apariencia sépia a la historia y se mantiene el lápiz grafito, al cual incorporo ciertas técnicas básicas como difuminar el grafito a modo de sombreado. Esto que aparece como muy elaborado en realidad en su momento y con 13 o 14 años era solo la necesidad de parecerse a esas viejas revistas de cómics de alguna venta de libros de segunda mano, de editorial argentina y papel amarillento.
Attack fue en esa línea y trató el tema de la segunda guerra mundial. Un comando de soldados nuevamente es enviado a rescatar a alguien (historia notablemente motivada por películas como "Los doce del Patíbulo", con Lee Marvin, Telly Savallas, Charles bronson; películas entrañables de las tardes después de llegar de la escuela)
    

La inevitable temática bélica en preadolescentes.

¿Quién no jugó con soldaditos verdes de plástico cuando niño? bueno, la capacidad para generar historias con esos juguetes sumado obviamente a películas y series del género que profúsamente nos entregaban los canales de señal abierta en la segunda mitad de los 80 fue el sujeto de un par de cómics de infancia. Películas como James Bond, los doce del patíbulo o los cañones de Navarone y series como Combate, ayudaron un montón. En esa línea los cómics Comando 1943 y Lee Warger (éste último con un nombre marcado por la acción, jeje).
 

Comando 1943 trataba de un grupo de soldados a quienes envían a una misión de rescate de judíos en la frontera alemana-francesa. al poco andar y de atravesar cielo, mar y tierra les cambian la misión la cual realmente era rescatar a unos diplomáticos y científicos secuestrados en un cuartel. Muchas batallas, capturas, fugas, muerte de personajes, venganza y vuelta a casa  con final no feliz. Un mix de películas de guerra.
 

Lee Wagner era la historia de un mercenario que trabaja frecuentemente para el gobierno de los EEUU. Es enviado a resolver un problema en una base en Asia que controla los satélites de espionaje americano, la cual los rusos se la han tomado y pretenden su control. Lee, una especie de indestructible que pelea contra 1000, es capturado, se escapa, destruye instalaciones, dispara por doquier y captura a sus rivales logra salir indemne y vuelve triunfal. El guión al más estilo gringo.


 

Otra historia que abordó una temática bélica pero distanciada en el tiempo fue la siguiente; Estación Krokon fue una mistura de star wars (obviamente el capítulo "el imperio Contraataca") y el tradicional juego de armar LEGO. Este último elemento sirvió de referencia para los móviles y naves. Ambientada en algún planeta gélido...y la historia la conocen. Los personajes y naves era una fiel representación de star wars, en realidad debió llamarse "El imperio Contraataca, versión alternativa".


 

Quick Bird fué inspirada notablemente por la serie Lobo del Aire, no recuerdo bien pero debe haber sido tal el impacto de ese helicóptero maravillosamente tecnológico que surgió la necesidad de recrear algo similar. La historia comienza con el secuestro de un tren con aviones de última generación rumbo al pentágono. Su objetivo es utilizarlos para atacar un barco que transporta una super arma, un avión que se transforma en helicóptero y que amenaza la estabilidad mundial. Esta historieta no fue terminada según creo por empezar otra historia que me sedujo en el momento.
El soporte de todas estos cómics continúa siendo cuadernillos papel blanco 60 páginas y lápiz grafito. Se añaden colores y lápiz tinta para el contorno de las portadas.

De espías y detectives

Este rubro fue prolifero en mi cabeza en el año 87 con 13 años, pienso que las horas de TV y la ausencia de lectura me entregaron bastante de este producto con series y películas de las que recuerdo por ejemplo a Baretta, Columbo, Las calles de San francisco entre otras. El proceso era bien simple,  televisión después de llegar de la escuela, una licuadora y de ahí salía un personaje y una historia. Simplicidad...lo único importante era dibujar.



Las planchetas u hojas anteriores corresponden al primer cómics realizado en Antofagasta, se llamaba Comando Chang y era un grupo de agentes que realizaban distintos trabajos para el gobierno gringo (nuevamente se repite el esquema que nos ofrecían los distintos programas de TV), junto a ellos lideraba Mark Hunter que era algo así como el agente de civil que realizaba la parte más investigable. Ninjas, balaceras, ejércitos del crimen, persecución en barco y explosiones, son la receta de esta historia...Simplicidad.


 

Las páginas de arriba corresponden al cómics titulado "Mi código es espionaje", cuyo nombre puede parecer hilarante pero obedecía a un contexto y a una edad de ingenuidad brutal. El personaje Edward Bogart (en estos años vi casablanca y me encantó el papel de Humprey, de ahí creo viene el apellido) es un agente secreto del FBI a quien envían a Francia para detener el espionaje de los rusos (nuevamente los malos de la película) a las plantas de energía donde los gringos tienen grandes inversiones puestas, ergo, se repite la histórica irrupción estadounidense a territorios foráneos para defender sus intereses sin preguntarle a persona alguna. Sin embargo a esa edad era solo una entretenida trama, unos años más tarde entendería que era práctica habitual de estado.
El look del personaje es muy ochentero, corte de pelo, vestuario y vehículo al estilo Mac Gyver, escenas y diálogos característicos de las series de esa década y al final un guiño explícito a una de las películas de James Bond, en la época de Timothy Dalton.

Debido a los recursos de la época el soporte utilizado fué un cuadernillo papel blanco 60 hojas y un lápiz carbón o grafito. Al inicio incorporé color mediante lápices de palo pero creo el resultado no fue el esperado y desistí. La idea era incluir en un tomo dos o tres historias de diversos personajes.