1988 y con catorce años, recuerdo fue abundante en los ochentas los guiones de mercenarios. Stallone, Kurt Russel, Dolph Lundgren entre otros personificaron este rol, de ahí a realizar un cómics de mercenario estaba a un peldaño y estando el estereotipo más o menos consensuado para todas las películas no había necesidad de salirse del patrón. Pelito largo y rubio, jeans, auto deportivo y canchero. Con eso ya tenía el personaje y faltaba la historia. Con solo mirar la portada ya es posible hacerse una idea de cuán enorme era la influencia del cine estadounidense en las cabezas de adolescentes de fines de los ochenta, lo que puede visualizarse en el guiño a la bandera de EEUU de la tapa.


Con este cómics ya el tema de la portada empieza a cobrar más importancia, lo que recuerdo de las pocas revistas que ví del rubro es que hacían hincapié en ello, ilustraciones bien elaboradas, coloreadas prolijamente y con un grado importante de detalle. Las planchas siguen siendo en formato oficio doblado en forma de cuadernillo y la utilización de lápiz grafito.



En este año y con este cómic experimento la transición del grafito a la tinta, principalmente influenciado por revistas de segunda mano en las cuales los cómics venían a pluma y tinta. También hay un cambio en el formato, pasando del tamaño oficio en dobladillo a cuaderno, hacia el tamaño carta para mejorar el tamaño de la diagramación, optimizando cada cuadro.
La historia aprovecha el impulso y cambia la estética y en parte el guión.
Un último intento de cambio y experimentación fue realizado con esta historia. Aparte de la incorporación de la tinta negra se añadió el color para la onomatopeya y los iconos como los disparos. Se modificó en parte el relato haciéndolo más detallado. El cambio de lápiz de tinta también ayudó en el sentido que el primero tenía una dispersión de tinta que manchaba el contorno, el segundo delineaba más claramente cada cuadro.


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