Era 1986 y después de algunas decisiones familiares nos trasladamos a vivir al norte de Chile. Antofagasta se situaba en aquellos años a millones de años luz del resto de Chile, quizá era lo más parecido a viajar fuera del país en aquellos tiempos. Era una ciudad apacible, con una velocidad de vida infinitamente distinta a la vorágine de Santiago (debo precisar que en en 1 año y medio en Santiago vivimos el terremoto del 85, las marchas en contra de Pinochet, los cacerolazos nocturnos, los toques de queda, correrías en el centro escapando del carro lanza aguas y lacrimógenas sólo porque nos cruzamos con una protesta, los asesinatos de opositores al gobierno, etc), una ciudad casi pueblerina, pero sin vacas, caballos ni frondosos árboles. Nos recibió de entrada el contrastante paisaje nortino, océano azul a un lado y la tierra de los cerros desnudos del otro lado.
Con 12 años entrar a escuela nueva a mitad de año, conocer y adecuarse a nuevos compañeros es un reto olímpico, mirados de esa perspectiva obviamente. El primer grupo que me acogió era bastante particular, buenos alumnos, de notas sobresalientes, y con la distancia de los años pienso que era lo más parecido al grupo "nerd" del curso. Con uno de ellos, Alex, comenzamos una carrera por dibujar comics, situación que derivó en una especie de carrera que arrojó varios capítulos y variados personajes.
En esta etapa aparecieron dos cosas, la incorporación del lápiz grafito y el color. Por su parte mi amigo incorporó un elemento externo que fue agregar recortes de revistas para complementar las escenas, algo así como un collage; recuerdo que lucía bastante innovador sus historias, pero no me recuerdo haber incursionado con esa técnica.
Las historias eran básicas y fruto de una televisión dominada por la Dictadura. Los dos canales que se podían ver eran nacionales y con bastante contenido insulso: series de aventuras, películas de acción casi todas basadas en la guerra fría y con la mirada de un Hollywood donde EEUU eran lo chicos buenos y el resto del mundo unos bastardos. Así la imaginación de un preadolescente no era más que una mezcla de Chuck Norris, Rambo, Mac Giver y otras historias de películas de matiné.


