En 1992 entré a la facultad de Arquitectura en un primer intento. Ese año no me fue bien académicamente pero retomé después de dos años el cómics. Entre medio hice algunas cosas pero solo intentos, ensayos y pruebas. El deporte y las hormonas me tenían con la cabeza en otro lado y la facultad me devolvió en parte las ganas de dibujar, quizás por el mundo nuevo que se me presentaba, en fin.
Marciano fue una historia nada más, aprovechando cierta definición en la estética de mis personajes y la aparición de la pluma y tinta china y se consolida el achurado como técnica de textura, y la diagramación es algo más dispersa, menos estructurada, además con más guiños a los cómics de las revistas Bandido y Trauko, que eran los medios disponibles de la época.

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